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Ya es hora de fomentar la generación solar distribuida


José Luis Opazo – Co-fundador y Gerente de Ciudad Luz

Chile comienza a vivir el amanecer solar. Actualmente, la energía fotovoltaica es más competitiva y será la fuente de electricidad más barata en los próximos 25 años. Sobre esto, Bloomberg New Energy Finance estima que de hoy al 2040, el 94% de las nuevas centrales eléctricas serán renovables y en Chile, el 51% de la nueva capacidad en energía solar será a partir de pequeños proyectos solares distribuidos.

Por ello, es importante diferenciar entre las decisiones y políticas que definen las trayectorias que nos llevan al futuro energético:

Primero, no es lo mismo la generación a gran escala, en mega centrales solares , que replican el modelo tradicional de suministro unidireccional, mercado eléctrico ‘a lo siglo XX’ y menores –aunque no despreciables- impactos socio-ambientales, que la generación distribuida solar, que desafía las reglas existentes, que fomenta no solo el uso de tecnologías más limpias, sino que favorece la innovación en modelos de negocios,  permite la participación de los propios usuarios en su producción de energía  creando beneficios sociales y ambientales.

Segundo, los costos y beneficios de cada tecnología no son intrínsecos a la tecnología en sí, sino que dependen de los modelos, herramientas y enfoques con que medimos sus impactos. Desde la óptica de la institucionalidad actual de distribución (lerda, ciega y pesada), la generación distribuida genera ‘problemas sociales’. Sin embargo, la generación distribuida solar no está cuestionando los posibles impactos (buenos y malos) de la tecnología solar, sino que está desafiando al viejo modelo de distribución eléctrica (inversiones caras para vender la mayor cantidad de energía que rentabilicen el negocio).

Los beneficios de la energía solar distribuida sobrepasan cualquier costo asociado, entre los que se incluyen: menores transferencias de riqueza de los clientes a las empresas distribuidoras (generando una fuente adicional de ingresos a las comunidades y personas); menores inversiones en nueva infraestructura de generación de gran escala y distribución; un efecto despreciable o incluso negativo sobre el valor de la cuenta de la luz en el futuro (al contrario del mayor costo futuro de la luz producto de nuevas redes necesarias sin fomento a la solar distribuida); disminución de puntas de demanda en sectores específicos; y muchos otros beneficios ‘blandos’, pero no menos significativos, como mayor autonomía, empoderamiento y mayor resiliencia del sistema eléctrico; menor impacto sobre ecosistemas y mucho menos conflictos con las comunidades, entre otros.

José Luis Opazo – Co-fundador y Gerente de Ciudad Luz