.
.

.

Consejos para manejar el consumo de alcohol en los jóvenes


Santiago, diciembre de 2017.- Se vienen las fiestas de año nuevo y dos largos meses de vacaciones para los jóvenes, instancias propicias donde los adolescentes se “divierten” y entre otras cosas, tienden a abusar del alcohol. De hecho, hace un par de semanas, el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) entregó 10 recomendaciones que buscan generar conciencia respecto del consumo de alcohol y otras drogas en menores de edad, luego de que sus estudios revelarán que el 63% de los adolescentes ha consumido alcohol en el último año; de ellos, el 35,6% reconoce haberlo hecho en el último mes y el 64,4% declaró haber tenido al menos un episodio de embriaguez en ese período.

La doctora Paula Donoso, especialista del Centro de Salud del Adolescente SERJOVEN, reconoce que lamentablemente el consumo de alcohol y otras drogas suele aumentar en los jóvenes en períodos de mayor tiempo libre, en especial si no hay supervisión o no se invierte el tiempo libre en actividades positivas como el deporte, actividades artísticas o culturales. “Los chicos disponen de más días para el carrete y si en ellos hay presencia de alcohol y/o drogas es una instancia que hace mucho más probable el consumo”.

Según Ana Verenna, psicóloga infanto-juvenil de la Unidad de Adolescencia de Clínica Las Condes y de SERJOVEN, los adolescentes que consumen alcohol lo hacen en respuesta a distintas necesidades no satisfechas. “Podemos encontrar sentimientos de soledad, vacío, malestar que no logran resolver, necesidad de ser aceptados por el grupo de pares, inseguridad, baja autoestima, impulsividad o dificultades para postergar la necesidad de gratificación inmediata, predisposición biológica o hereditaria, un ambiente social-familiar que educa y valida el consumo temprano.”

 

El rol de los padres

“El alcohol es neurotóxico, produce daño a nivel cerebral y los jóvenes no deben consumirlo -ni ninguna otra droga- idealmente hasta los 21 años o al menos hasta los 18 años, ojalá que nunca, pero en el caso de alcohol la idea es que esperen. Esto está directamente relacionado con el neurodesarrollo, pues está demostrado que mientras más tardío es el consumo, disminuye el riesgo de adicción y de que se involucren en situaciones riesgosas. A mayor edad, mayor capacidad de decisión, está más madura la corteza pre-frontal que es el área que nos permite poner límite, el freno”, explica la doctora Donoso.

La especialista también enfatiza en los graves riesgos a los que se exponen los adolescentes al estar bajo la influencia del alcohol.  Debido a los efectos de desinhibición, descoordinación y alteración del juicio, se pueden ver involucrado en riñas, peleas, pueden ser víctimas de un asalto, sufrir un accidente de tránsito, tener relaciones sexuales no protegidas con el riesgo que ello conlleva o incluso ser víctima de una violación, entre otros peligros. “Y no es necesario que el joven haya bebido mucho, basta un vaso o menos y la decisión de subirse al vehículo conducido por un chofer bajo los efectos del alcohol para exponerse a un accidente”.

En este contexto, la especialista de SERJOVEN, es tajante en afirmar la importancia del rol de los padres a la hora de consentir el consumo de alcohol en menores de edad.

“Cuando un padre da un permiso para beber ya no hay vuelta atrás o es muy difícil, sobre todo si la experiencia al adolescente le pareció placentera. Los padres deben saber que la ciencia ha demostrado lo equivocada de la típica creencia “mejor que aprenda a beber en casa para que tenga mejor cabeza”. El alcohol, el tabaco y las drogas manténgala lo más lejos de sus hijos y por el mayor tiempo posible”.

Según la psicóloga Ana Verenna, los gatillantes del consumo pueden ser variados y saber a qué responde esta conducta implica estar atentos a nuestros hijos y poder conversar con ellos, escucharlos y mostrar interés en lo que sienten, viven y necesitan de nosotros. “Toda conducta problemática de consumo tiene una causa que es importante primero ayudar a identificar, luego educar en los riesgos, para finalmente modificar el patrón de beber”.

Ambas especialistas nos comparten prácticos consejos para que los padres enfrentemos este tema:

  1. No exponer a los menores al consumo, es decir, no ofrecerles alcohol, no facilitarles la compra, incluso denunciar a quienes proveen el acceso a este tipo de sustancias a menores (la ley prohíbe la venta de alcohol a menores de 18 años).
  2. Converse con sus hijos respecto a qué hacer si les ofrecen alcohol, que puedan ensayar cómo decir que no, el haber tenido la posibilidad de anticipar este tipo de escenario le da más herramientas para sortear en forma exitosa la situación.
  3. Entregue un mensaje claro: “no quiero que te expongas porque te quiero, me preocupas, quiero lo mejor para ti, que crezcas sano y no se afecte tu desarrollo ni tu salud”.
  4. Potenciar la vida familiar, actividades de uso saludable del tiempo libre, espacios familiares de compartir y recreativos.
  5. Potenciar el vínculo con adolescentes no consumidores y la pertenencia a grupos involucrados en actividades prosociales y no exponerse a situaciones en las que saben se les ofrecerá alcohol.
  6. Si sus hijos ya han probado el alcohol o pertenecen a grupos de amigos que consumen, es importante entregarles estrategias de conducta que pueden usar para evitar las “tomateras”, por ejemplo: comer mientras beben; bailar o realizar otra actividad física; poner un límite de vasos a consumir antes de salir (no más de 2 o 3 en medidas altamente diluidas reconociendo cada uno los efectos que el alcohol tiene en ellos); consumir lentamente; intercalar bebidas alcohólicas con vasos de agua u otras bebidas y recordar las consecuencias negativas al día siguiente, como el malestar físico, la vergüenza por la pérdida de control, las peleas o exponerse públicamente y lograr identificar el gatillante del consumo.
  7. Es importante que los padres hayan conversado con sus hijos un plan de contingencia: que pueden llamar en caso de sentirse mal por el consumo de alcohol u otras sustancias y pedir que los vayan a buscar. Lo prioritario es que los padres deben velar por la seguridad, una vez estabilizado, al día siguiente, poder conversar.

Sin duda lo más importante, y en ello coinciden las profesionales, es la comunicación abierta con nuestros hijos, no enjuiciadora, contenedora, que permita ayudarlos a resolver y enfrentar las dinámicas muchas veces complejas de la adolescencia.

Centro de Salud del Adolescente SERJOVEN